Repique de campanas en La Vera por los difuntos

Noviembre trae el morral a tope nostalgias y sabores. Es otoño en La Vera y las celebraciones de “Todos los Santos y “Difuntos” levantan el banderín de salida con el recuerdo de cuantos nos precedieron y la tradicional elaboración de dulces junto al sabor de las castañas.

Aparte de la visita a los camposantos, que se llenan del aroma de flores recién tronchadas y preces, las costumbres mandaban antaño tocar las campanas durante toda la noche, en un parsimonioso y reposado  din-don, din-don, din-don… Todavía hay poblaciones como Garganta la Olla donde los monaguillos las suelen hacer sonar con esa calma melancólica mientras disfrutan durante la noche de víspera de Difuntos de la vituallas de las que se han provisto. Para reunir el condumio, previamente han recorrido las calles con una esquila, solicitando de los vecinos las golosinas con la siguiente leyenda:

Ángeles somos,del cielo venimos a pedir algo para los santos.

Higos y castañas, nueces y avellanas, jarras de vino y perniles de tocino.

Los muy pillos monagos, a los dadivosos por mor a los fallecidos, que constituyen la razón por la que los familiares vivos sueltan la manduca para sus infantes tripas, son celebrados después a voces con nombre y apellidos desde el campanario de la torre: “Este doble va por el difunto fulano” y hacen doblar a tal fin las campanas… “Y este va por el difunto mengano”…

Pero noviembre trae también el sabor: la elaboración de los exquisitos buñuelos de viento, los huesillos (huesos de santos) y la variedad de frutos secos… Pero entre estos sabores destacan las populares “calbotadas” que antaño se solían celebrar saliendo a “espiñar” (extraer las castañas de los erizos caídos) a la sombra de los castañares exhaustos sobre un paraje tapizado de hojas doradas y crujientes, mientras el personal disfrutaba de la merienda, los concursos, los juegos y los bailes entre el aroma de las recién asadas castañas, rociadas de vino, de licor de gloria o de refrescos, para pasarlas mejor por el gaznate.

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En este sentido, cabe señalar que el fervor por el castaño en esta tierra tiene sus raíces en lejanos ancestros, debido a la abundancia de estos árboles en la comarca, ya que era una de las especies arbóreas que más proliferaban. En realidad la castaña era el “cereal” (como el que actualmente se consume a diario con leche) de aquella época, elaborada culinariamente de diversas maneras. Las crónicas señalan que constituyó una de las fuentes principales de riqueza antiguamente y que fue en los parajes del Parral de Jarandilla donde el año 1726 se declaró una epidemia que se extendió hacia el poniente y arrasó la mayor parte del castañar de esta parte de la Vera.

En la actualidad, no obstante, como si esas raíces tratasen de rebrotar del mismo interior del paisanaje, en diversas poblaciones se intenta recuperar esta tradición que diversas instituciones y asociaciones veratas apoyan y animan con actividades al aire libre que llaman “calbotadas”.

En fin… un otoño de nostalgias y sabores en la Vera.

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