Con VE de libro columna de Juan RAmón Santos en planVE

Liliputiego

Si hay una aventura única en el panorama editorial extremeño ésa es la de las Ediciones Liliputienses, una empresa con domicilio social en la isla de San Borondón cuya fuerza, rigor y proyección sólo se explican por la audacia y el entusiasmo de su promotor, el escritor José María Cumbreño. La cosa comenzó hace poco más de tres años con ediciones caseras, artesanales, de tirada mínima, imprescindible, y títulos grandes como Lo que queda del azar, de Luis Arturo Guichard, ¿Por qué hay un plato que gira dentro el microondas?, de Manuel del Barrio Donaire, o El ocre de la tierra, de Rocío Cerón, que, poco a poco, irían ganando en consistencia y encuadernación. Lo que sorprendió sobre todo desde esas primeras entregas del catálogo liliputiense fue su rotunda vocación transatlántica, el contraste entre la radical elementariedad de medios y el larguísimo alcance del sello, dispuesto a hacer desde abajo lo que las grandes editoriales no se molestan en hacer desde arriba, enlazar las dos orillas del océano, mostrar a los lectores de este lado del charco el abrumador panorama de la creación poética en lengua española en América. De ese modo, y en formatos fugaces, curiosos y de lo más dispares, gracias a la “Biblioteca de Gulliver” hemos podido conocer a poetas dominicanos como Frank Báez, peruanos como Eduardo Chirinos, chilenos como Christian Gómez Olivares o argentinos como Martín Gambarotta, publicados todos ellos en la misma colección que jóvenes e interesantísimos autores españoles como Alberto Santamaría, Miriam Reyes o, más próximos a nosotros, Carmen Hernández Urbano o Víctor Martín Iglesias.

Buena muestra de todo esto es la antología Diva de mierda, publicada la pasada primavera. La recopilación y el título tienen su razón de ser –según explica el editor, Fabio Betancour a estos efectos– en la respuesta airada de un presunto escritor mexicano, blefescuense de vocación, que, de la noche a la mañana, no dudó en calificar al responsable de la editorial –padre de familia y profesor de instituto; hombre de ordinario ocupado, por lo tanto–, de completo imbécil y maldita diva de mierda por lo que, al parecer, consideraba una injustificada demora en dar respuesta a sus ansias de publicación. Diva de mierda es, pues, una forma mordaz y elegante de enfrentar la afrenta, pero, sobre todo una buenas muestra de la insuperable capacidad de agitación y movilización creativa de Cumbreño, capaz, en apenas unas semanas, de lograr la colaboración, con textos de toda índole acerca de la vanidad y el ego en el mundo del arte y la poesía, de hasta setenta y seis autores de ambos lados del Atlántico, entre los que se cuentan no sólo los efectivos propios de la armada liliputiense, sino mercenarios tan conocidos –por mencionar algunos– como Jordi Doce, Gonzalo Hidalgo Bayal, Juan Carlos Mestre, Eduardo Moga, Vicente Luis Mora, Ada Salas o Álvaro Valverde. Con tan amplio y rico bagaje de prosa y poesía, Diva de mierda es un medio extraordinario para merodear por las infinitas perspectivas desde las que los creadores suelen, de ordinario, contemplarse el ombligo, pero también, por si no sabían de esta editorial, para disfrutar de una primera, sin duda feliz, toma de contacto con la apasionante aventura liliputiense.

diva

 

 

 

Diva de mierda. Una antología alrededor del ego”

Varios autores

Edición, selección y prólogo de Fabio Betancour

Ediciones Liliputienses