La auténtica película maldita: El conquistador de Mongolia

Las leyendas urbanas nos hablan de una serie de películas malditas, normalmente cintas de terror que sufren muertes inquietantes.
“El exorcista” o “Poltergeist” son posiblemente dos de las más significativas. Aunque cualquier cinta de terror que se precie presume de hechos inexplicables durante su rodaje. La mayor “maldición” no cayó sobre una película de dicho género (a no ser que consideremos que John Wayne interpretando a Gengis Kahn sea algo terrorífico) sino en una de aventuras históricas: El conquistador de Mongolia (The conqueror, 1956).

Si Oscar Millard hubiera sabido lo que iba a suceder, posiblemente no habría escrito el guión, ni tampoco se lo habría llevado al excéntrico Howard Hughes para que lo produjera. Los seis millones de dólares que éste invirtió en el proyecto permitieron seguir adelante. Dick Powell dirigiría la cinta y Marlon Brandon fue el candidato a protagonizarla. En un giro del destino (que salvó la vida de don Vito Corleone tal como hoy le conocemos) Brando rechazó el guión. Su sustituto fue John Wayne. La intención de Hughes era rodar en el lugar donde se desarrollaba la historia, pero Mongolia no era muy accesible para un equipo de rodaje americano en los años 50, en plena guerra fría. El plan B fue el desierto de Escalante en Utah.

6 El conquistador  de Mongolia

Los rodajes suelen ser muy duros y hacerlo a más de 40ºC de media no tuvo que facilitarlo. Sufrieron muchas calamidades, el ataque de una pantera que casi devora a Susan Hayward, la actriz principal o el desbordamiento de un río que a punto estuvo de arruinar los decorados. Que la arena del desierto pareciera brillar ligeramente por la noche les resultaría una anécdota divertida. Terminado el rodaje los montadores pidieron una serie de tomas extras, el presupuesto ya se había superado y no se podía enviar de nuevo un equipo al desierto. Se decidió llevar 60 toneladas de esa arena “brillante” a los estudios para rodar en plató.

La película no presume de muchas virtudes, es más bien mala, y tampoco tuvo demasiado éxito. Habría sido olvidada como tantas otras, pero entonces comenzó la maldición. En 1956 Victor Young, compositor de la banda sonora fallece por un tumor cerebral. En 1963 el director Dick Powell por un linfoma. Pedro Armendáriz se suicidó cuando supo que su cáncer de riñón era terminal, Agnes Moorehead, cáncer de pulmón, Susan Hayward, tumor cerebral, John Hoyt, carcinoma pulmonar y John Wayne derrotado por un cáncer de estómago. De los 220 integrantes del equipo, 91 (más de 150 según algunas fuentes) contrajeron cáncer y 46 fallecieron.

Si el film hubiera tratado sobre Tutankamón en vez de sobre Gengis Khan, habría hecho delicias de los navegantes del misterio. Pero en este caso todo tiene una explicación más mundana resumida en dos números: 31 explosiones nucleares que sumaban más de 450 kilotones. Y es que rodar cerca de un lugar de pruebas nucleares del ejército norteamericano nunca fue muy saludable.

Película recomendada (para los que quieren que sus hijos les dejen de molestar durante un rato): El exorcista.

Publicado: 1 de octubre 2014

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