Esto sí es plan

Confieso que a mí nunca me ha gustado la velocidad más allá de la que te permiten los pies al caminar. Seré así de pava. Pero como a cualquiera en estos tiempos vertiginosos, mi vida acabó convirtiéndose en una contrarreloj. En Periodismo las cosas se piden para ayer y yo tampoco escapaba a la tiranía del cronómetro. Yo también cenaba más de lo que comía en todo el día porque era el único momento en el que me detenía con la sensación de prueba superada.

Pero también como a cualquiera, me alcanzó de lleno un ERE y me pasó lo que supongo que le pasa al recién jubilado, que el tiempo se me vino encima. Agravantes del parado aparte porque no voy a negar el duelo que sufre todo defenestrado, pero de repente tuve como una revelación. Había vida más allá del frenético día a día laboral.

Mis amigos, por suerte aún población activa, empezaron a llamarme cariñosamente frívola. Pero yo prefiero hablar de actitud positiva. O quizá mera supervivencia. Empecé caminando por la orilla del río, seguí nadando, continué cogiendo la bici y resultó que a esa velocidad no sentía ya vértigo. Descubrí que tenía a mi alcance muchas cositas buenas, lo que tanto había escuchado cantar a Camarón, y que no todas dependen del bolsillo, sino de actitud. La vida a veces se nos hace cuesta arriba, y como también sé que tenemos que comer todos los días, decidí cambiar de tercio y empecé a soñar con planVE. Y como dice mi gran amiga Spe, cuidado con lo que sueñas, porque puede cumplirse.

Y hasta aquí quería llegar para poner en contexto el porqué de planVE.  A mí ya nada ni nadie me va a quitar mi chute de endorfinas. Sencillamente porque me da la vida. Pero lo que me pide el cuerpo no es ya “matarme” por contaros lo último de lo que acontece en la cosa pública, sino transmitiros esas cositas buenas, que de las malas o menos buenas se entera uno antes, para que también vosotros podáis tener vuestra dosis de endorfinas. ¿Cómo? A gusto de cada cual. Pero para elegir, hay que conocer y ese es el compromiso de la web que tenéis aquí delante, que nadie vuelva a quejarse de si aquí no hay nada que hacer, de si no sé qué hacer con los niños, de que si lo hubiera sabido, habría ido… Porque planes, haberlos, haylos.

Me declaro absorbida por la filosofía de vivir más lentamente, paladeando la vida. Lo cual no tiene por qué ser directamente proporcional al bolsillo y el tiempo, hay que saber sacarlo. Porque ocurre que en tiempo de crisis, quien conserva su empleo suele trabajar a destajo y necesita un kitkat  como el comer y quien lo ha perdido no tiene por qué quedarse quieto y parao lamiéndose las heridas. Y para quien esté pensando ahora mismo que qué idealista es esta Merche, solo una cosa, que no tenemos siete vidas como los gatos.

fio

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