El regadío como refrigerio de verano

Las tierras del Valle del Alagón son unas de las más fértiles de toda Extremadura. Unas vegas que rebosan vida durante todo el año pero es ahora, en la estación más tórrida, cuando invitan a refugiarse en ellas. Después de una calurosa y larga jornada con un sol de justicia, el regadío nos brinda hasta seis grados menos de temperatura que en cualquiera de los municipios de su entorno.

Aquí se demuestra que el agua es fuente de vida y es una realidad palpable en este rincón del norte de la región.

En las décadas de los años 50 y 60 comenzó a implantarse un sistema de regadío que transformó un paisaje de dehesa con encinas y alcornoques en prados y tierras de cultivo. Un nuevo concepto de aprovechamiento de la tierra que dio lugar a lo que hoy en día son las huertas del Alagón.

Regadíos 1 (FILEminimizer)

Foto Ainhoisima

Con la implantación del regadío se crearon también los denominados pueblos de colonización. La mayoría son pedanías dependientes de un núcleo mayor y están repartidas por toda la comarca: Valrío, El Batán, Alagón del Río, Puebla de Argeme, Rincón del Obispo, Valdencín, San Gil, Pradochano, Pajares de la Rivera o Valderrosas.

La vida dedicada al campo trajo la prosperidad a muchas familias y algunas de estas poblaciones, ubicadas en lugares estratégicos, se han consolidado como auténticos municipios, como ha sido el caso de Alagón del Río que consiguió su independencia de Galisteo o el próspero polígono industrial ubicado en El Batán.

Es ahora, en verano, una auténtica delicia pasear entre frutales, maizales y plantaciones de tabaco. Grandes campos de cultivo, pero también pequeñas huertas y parcelas para el autoconsumo familiar: tomates, lechugas, higos, pimientos, melones, sandías, uvas… La mayoría de los hogares de la comarca puede disfrutar de productos de primerísima calidad y prácticamente “del campo a la mesa”. La ganadería extensiva es otra de las fuentes de riqueza de la comarca. El ganado vacuno campa a sus anchas en cientos de hectáreas dedicadas al pasto: hierba fresca, jugosa y deliciosa para los rumiantes.

Cada día, al atardecer, con la bajada de las temperaturas, se activan los pivotes de riego. Grandes estructuras hidráulicas que se extienden como arácnidos sobre las parcelas y con sus inmensas cortinas de agua dotan de la humedad precisa a las plantaciones. Toda una revolución para el riego que patentó un agricultor estadounidense y que hace décadas que también se implantó en el Alagón. El estío no es tan sofocante como lo pintan. Sólo hay que buscar un buen rincón para pasar el rato y las vegas del río invitan a ello.

Regadíos 2 (FILEminimizer)

Foto Ainhoisima