Canícula: gazpacho y siesta a partes iguales

En España nos regimos por la denominada Hora Central Europea. Para algunos se trata de una incongruencia que se remonta a 1942, cuando España abandonó el huso horario que le corresponde, el mismo que tiene Canarias o Portugal, para alinearse con el de Europa central. El debate incluso ha llegado al congreso de los Diputados porque hay expertos que aseguran que como nuestra hora oficial no se corresponde con la hora solar, nuestras costumbres están alteradas.

3.1 Canícula flores (FILEminimizer)En el oeste peninsular y en Extremadura este “desajuste” horario se hace aún más patente. El reloj marca las 22.05 horas y aún es de día en el Valle del Alagón. Aún tenemos luz solar y el solsticio de verano aguarda. Desde el 21 de junio, el día de mayor duración del año, se presentan por delante 93 calurosos y largos días. Verano se traduce en calor, en siesta, en fiestas… pero en muchos otros pequeños detalles que en ocasiones pueden pasar desapercibidos. Antes de que el solsticio explote, ya hemos percibido que el sol nos acompaña hasta 15 horas cada jornada. Algún que otro visitante sin permiso se ha colado en nuestra casa y las primeras picaduras de mosquito enrojecen la piel. Los cantos de las chicharras y de los grillos son la banda sonora de la siesta… y esto acaba de empezar.

Las costumbres de nuestros pueblos también se “alteran” y el ritmo diario cambia. ¿Cómo sacar el máximo partido a la estación más calurosa del año sin morir en el intento?

Para que el ciclo de verano siga su tradición, basta con fijarnos en determinadas rutinas. Hay cosas que no cambian y ahí está la esencia y singularidad de nuestros pueblos.

El reloj se para a la hora de la siesta y el termómetro marca 38 grados a la sombra. Queda terminantemente prohibido subir el volumen del televisor o escuchar música a todo trapo. Después de la modorra, un sabroso gazpacho extremeño a base de huevo, pan y poleo.

El calor continúa y para sofocarlo nada mejor que un refrescante chapuzón en la piscina municipal, el río o el pantano, a elegir. Para terminar el día, un paseo al ocaso para observar el atardecer y un cielo limpio sembrado de constelaciones y estrellas. Antes de dormir, chismes y cháchara en una silla de enea, porque por fin Lorenzo nos da un respiro y bajan las temperaturas.

Ha llegado, ya está aquí; y aunque se ha hecho esperar, es momento de pisar el freno y dejarse llevar. El verano en el pueblo siempre es mágico y especial.

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