Bajo el sol… de La Vera

Si a uno le borraran por unos minutos el reloj del tiempo y le pusieran una venda en los ojos, cuando llegase a este destino pensaría que no está tan cerca de casa.

Creería, seguramente, que se encuentra en el corazón de La Toscana, por poner el ejemplo más popularmente imaginable, rodeado por olivos y con una luz tan especial, que muchos acuden con el lienzo en blanco y otros trastos de pintar para no dejar escapar la oportunidad.Podría pensar, también, que forma parte del decorado de una exquisita revista de decoración.

Y si se mete entre los rosales alcanzaría a imaginar, incluso, que le han transportado a un jardín  inglés y  en cualquier momento alguien pondrá entre sus manos una taza de té.

Alzar la mirada en medio de este panorama no saca de la ensoñación, pero es suficiente para ubicarse y descubrir que donde realmente se ha ido a parar es a un lugar mágico con vistas a la Sierra de Gredos y al Monasterio de Yuste.

Camas con dosel para mirar la luna

Si todas esas sensaciones son posibles es gracias al gusto por el detalle que se respira en La Vaquería Canta El Gallo, una casa rural en el corazón de la comarca de La Vera que sus propietarios han convertido en un alojamiento claramente diferente.

En los exteriores hay camas con dosel, piscinas flanqueadas por ánforas, mesas con bodegones de frutas repartidas entre los árboles, velas que tililan a la luz de la luna y nenúfares flotando sobre el agua.

Lo que quiere Soledad Pindal es hacer felices a quienes la visitan en este rincón escondido de Jaraíz. Su historia y la de su marido es la de dos urbanitas vecinos de Madrid, que cada vez que podían se escapaban hacia una Extremadura que les enamoró desde el momento cero.

Hasta su casa llega gente de todo el mundo. Viajeros que cargaron sus maletas en Noruega, Sudáfrica, Canadá, Inglaterra, Irlanda, Francia, Dinamarca, Alemania… dispuestos a disfrutar una experiencia única.

No es sólo el entorno y el cuidado del destino lo que a algunos les ha hecho repetir o echar mano del boca a boca para recomendar la visita. Lo es, también, la posibilidad de salir al campo en busca de frutos y flores con los que aprender después a hacer centros de mesa, salsas artesanas y mermeladas sin conservantes ni colorantes.

Patearse mercados como el de cada martes en Plasencia, visitar almazaras y producciones de miel, son otros reclamos tras los que acuden los aventureros que llegan hasta este rincón de Extremadura.

Según la temporada que vengan pueden, incluso, participar en la recolección del momento.

“Es gente que no quiere un supermercado en el que hacer sus compras sino que viene en busca de lo profundo”, dice Pindal, que reitera que en el cuidado de los detalles es donde radica el éxito de la existencia.

Concentrado de vida auténtica

La Vaquería es una finca de seis hectáreas con cuatro casas o habitaciones especiales que tienen capacidad para distinto número de huéspedes. Aparte está la casa principal en la que se sirve el desayuno.

Detalle del desayunoLa independencia entre ellas es otra de sus bazas, con el fin de preservar la intimidad de unos clientes que, sin duda, tienen en este escenario una oportunidad excepcional para disfrutar de la buena vida.  Aunque sea por unos días.

El interés por ofrecer en bandeja todo lo que tenga sabor y olor a naturaleza es lo que hace que también tengan sitio en este escenario Jara y su hija Luna, dos burros divinos o la perra Vega con sus cachorros.

Una pequeña gran familia, en definitiva, que sirve para aderezar este concentrado de vida auténtica del que pueden nutrirse los amantes de lo distinto.