Bitacora verata

La Vera huele a cocina

“Si los dioses pusieron el Paraíso gentílico y los Campos Elíseos en la parte meridional de la España más pingüe, más amena y principal por sus delicias, regalos y amenidades ¿quién duda que a otra ninguna provincia, sino a esta de la Vera le venga más a propósito ni con mayor propiedad, que cayendo, como queda dicho, en la parte meridional más pingüe y más principal de España, excede al resto de todas las demás provincias del mundo en amenidades, delicias, recreos y regalos que cría y produce la tierra, y en aires puros y salutíferas aguas, que todo sustenta, da vida y causa recreación?” A esta conclusión llega Gabriel Azedo de la Berrueza, cronista del siglo XVI, tras una investigación exhaustiva de los autores clásicos, al citar en sus anotaciones al griego Estrabón que situó “en la comarca de la Vera  los celebrados Campos Elíseos, lugar de vida bienaventurada, habitación de los dioses y descanso de los varones justos”.

Este comentario viene a cuento para enmarcar la celebración de las XIII Jornadas Gastronómicas de la Vera, que tendrán lugar desde  mitad de noviembre a mitad de diciembre de este año, 2014, organizadas por la Asociación de Turismo de la Vera (ATURIVE) y orientadas principalmente a fomentar los mejores bocados de la tierra con sus productos más típicos, de la mano de prestigiosos chefs.

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El Restaurante Santa Marina del Hotel Rural Alcor del Roble, participa en las Jornadas Gastronómicas de la Vera.

No voy a extenderme con el programa de los mejores espacios y menús que a precio fijo se nos brindan para comer en esta amable tierra en el mes culinario (de lo que se encargará ATURIVE), sino abundar en la justa fama de esta zona de las Alta Extremadura, de la que las crónicas comentan: “En La Vera los frutos de los árboles son grandemente suaves, sabrosos y olorosos; la nobleza de las viñas y del vino excelente; y son abundantes los frutos que produce. El terreno tiene varias propiedades y naturaleza diferente; en parte se dan árboles y en parte hay campos y montes, y a cada paso: fuentes, ríos, gargantas y arroyos. No hay palmo de tierra en esta provincia que esté ociosa ni holgazana; todas fructifican y ninguna descansa. En los altos está poblada de bosques de castaños, injertos unos y reboldanos otros; y en los bajos y quebradas tiene viñas, olivares, guindaledas y cerezales. Hay bosques de peraledas, melocotonares y membrillares. Es mucha la cantidad de cermeñas, camuesas y albérchigos que la tierra produce, con otros infinitos géneros de diversas frutas. Abunda la tierra de muchos morales y moreras, que esquilman mucha seda. Cógese mucha miel y cera. Son muchos los prados de pasto y hay para los ganados. Críanse muchas vacas y toros, con mucho ganado merino, cabrío y moreno. Abunda mucho la caza, tanto volátil como terrestre. Son muchos los linares de donde se sacan regalados lienzos. Están todas las poblaciones circundadas de hermosos vergeles, abunda en muchos y buenos naranjales, cidras, toronjas, limas y limones. Hay grandiosas huertas, con lo que todo junto hace un hermoso y adornado país; y al tiempo de primavera, cuando desabotonan los árboles sus flores y arrojan su azahar los naranjales, causan a todas las criaturas vivientes una celestial fragancia, con la que los pueblos y juntamente los campos, quedan olorosos, apacibles, vistosos y regocijados. Allí los suaves vientecillos, columpiándose en las ramas de los árboles, derriban las flores que caen sobre la tierra y sirven de curiosa alfombra y olorosos manteles a los que por gozar de tanta gloria hacen sus entretenidos banquetes, festines y convites a la sombra que sus ramas les ofrecen”.

Publicado:10 noviembre 2014