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Granadilla, en el norte de Extremadura

Granadilla, un pueblo distinto

Desde la parte más alta de Cabezabellosa, la vista no acierta. Es casi imposible descubrir el límite de esta comarca. Trasierra – Tierras de Granadilla está compuesta por quince municipios, pero la extensión de su terreno, su historia y los hallazgos culturales son difíciles de enumerar.

Para conocerla, hay que hacerlo despacio, sin mapas, dejándose sorprender. La primera parada, para entender su existencia, es el pueblo de Granadilla. Sus calles están llenas de nostalgia y, aunque muchas de sus viviendas están abandonadas, conservan la vida que una vez acogieron.

 

Noelia Pérez planVE

Puede resultar curioso, pero el agua que un día separó a sus habitantes, hoy abastece y une a todos los vecinos de la comarca. Además, dibuja un paisaje espectacular que regala imágenes como esta desde el castillo de Granadilla, perfectamente conservado.

Es un pueblo distinto. No hay mujeres sentadas al sol haciendo ganchillo. Tampoco tiene una tienda donde comprar pan y pasar un rato charlando con los vecinos. La plaza, cuando hay gente, está llena de flashes de cámaras de fotos. Los colores de las fachadas son el símbolo de la restauración, pero dentro de las casas no hay fotos, los armarios no huelen a alcanfor y, de las cocinas, no sale ese aroma que sólo consiguen las recetas de nuestras abuelas.

Es un lugar para visitar. Para verlo como si se estuviese leyendo un cuento que hay que imaginar. Los personajes protagonistas no existen, pero su historia está cada día más viva.

Solamente dos días al año, algunos de sus antiguos moradores aparecen por Granadilla para recordar su infancia. El 1 de noviembre y el 15 de agosto son sus fechas para el reencuentro. Ellos saben exactamente lo que pasó, porque lo vivieron. Ellos son los que pueden contar que se siente al verse obligado a abandonar sus casas. Pero los motivos y su recuerdo están presentes nada más cruzar el portón majestuoso que da la bienvenida al invitado.

 

Bajo el sol… de La Vera

Si a uno le borraran por unos minutos el reloj del tiempo y le pusieran una venda en los ojos, cuando llegase a este destino pensaría que no está tan cerca de casa.

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