Misterios extremeños a comienzos del siglo XX

Antes de la existencia de Internet, los teléfonos móviles de última generación, la fotografía digital o las grabadoras de audio ya había en Extremadura periodistas como Publio Hurtado o Mario Roso de Luna, que ejercían de notarios del misterio. Gracias a la red de redes tenemos acceso gratuito a muchas de sus obras.

Hay autores que piensan que la literatura nació como un instrumento para resolver misterios. Y algo parecido ocurre con el periodismo. Desde los orígenes de esta disciplina encontramos informaciones alusivas a lo desconocido. Sirvan como ejemplo las relaciones de sucesos, formato precursor de la publicación periodística, sin periodicidad, pero cargado de noticias, a menudo relacionadas con hechos sobrenaturales. Nos referimos a historias como el nacimiento de un bebé de dos cabezas, una monja a la que le creció un pene o el descabellado asunto que refleja una relación de sucesos recientemente recuperada por el Cuerpo Nacional de Policía. Esta última, que había sido robada a la Universidad de Sevilla, fue publicada en la capital andaluza en el año 1619 y narra un acontecimiento que, según cuentan, sucedió en la localidad sevillana de Constantina. Aseguran en el documento que un condenado a la horca consiguió resucitar y hubo de ser procesado de nuevo.

Para todos los entendidos, dicha relación de sucesos forma parte de la historia del periodismo sevillano y, cómo no, de los orígenes del periodismo especializado en misterio. Aunque muchos no lo sepan, en la región también contamos con la existencia de relaciones de sucesos y con la figura de pioneros que, a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX, se preocuparon por recoger las leyendas, los hechos insólitos y los enigmas de Extremadura.

Tesoros y supersticiones

Publio Hurtado, escritor e historiador nacido en Cáceres a comienzos de 1850, fundó y dirigió La Revista de Extremadura. Cuántas tardes he pasado en bibliotecas públicas de la región repasando titulares y textos de esta proeza intelectual extremeña, donde es posible leer artículos sobre historia, arqueología, arte y hasta astronomía. Fundada en 1899, se publicó durante trece años. Entre sus firmas, figuras tan destacadas como la poetisa Carolina Coronado, Miguel de Unamuno o José María Gabriel y Galán. Sus páginas son un tesoro del periodismo extremeño, igual que uno de los libros de Publio Hurtado: Supersticiones Extremeñas. Anotaciones psico-fisiológicas, impreso en Cáceres en 1902.

En esta obra, por destacar una de todas las valiosas creaciones de este estudioso cacereño, recoge muchos misterios de Cáceres y Badajoz. Nos habla de brujas y brujos de la región; de leyendas de princesas encantadas; de seres elementales de la naturaleza,por ejemplo los duendes; de fechas mágicas como la Noche de San Juan; y hasta de tesoros escondidos repartidos por nuestra geografía. Con respecto a este último asunto, cabe destacar que Publio Hurtado habitó en Cáceres la conocida popularmente como “Casa del Tesoro”, un inmueble donde la tradición popular sitúa un tesoro escondido en el lugar por una familia judía. ¿Casualidad? Como diría el escritor y periodista Juan José Benítez, “lo dudo”…

Gracias a Ciconia, biblioteca digital del patrimonio cultural de la región, iniciativa de la Junta de Extremadura, tenemos acceso gratuito a la lectura y posibilidad de descarga de Supersticiones Extremeñas, de Publio Hurtado.

Mario Roso de Luna: cronista del misterio

Y si Publio Hurtado dedicó todo un libro a los misterios de Extremadura, Mario Roso de Luna los reflejó en la práctica totalidad de su abundante obra escrita.

Nacido en Logrosánen marzo de 1872, este escritor, astrónomo, abogado, teósofo y ateneísta dedicó su existencia al estudio de los secretos del mundo que le rodeaba. En algunos casos escribía sobre misterios cercanos a él, relacionados con tallas de cristos legendarios como el de Escurial (Cáceres); tumbas de soldados íberos importantes como la que encontró en Solana de Cabañas (Cáceres); las huellas de la legendaria Atlántida y su relación con Extremadura o los enigmas prehistóricos diseminados por nuestros campos –como “el cancho que se menea” de Montánchez (Cáceres)-. En otras ocasiones, se ocupaba de aquellos enigmas que venían de las estrellas, como el cometa que lleva su nombre y que descubrió él mismo a golpe de vista, sin la utilización de ningún aparato astronómico; y también de aquellos que procedían de allende los mares. Tanto es así que Mario Roso de Luna fue pionero en el estudio de las culturas precolombinas y, más en concreto, de la investigación de los códices mayas.

En Ciconia, de la Junta de Extremadura, podemos disfrutar de manera gratuita de algunas de sus obras: Wagner, mitólogo y ocultista; Por el reino encantado de Maya: parábolas y símbolos; Del árbol de las Hespérides: cuentos teosóficos españoles; La ciencia hierática de los Mayas: contribución para el estudios de los Códices de Anáhuac; Conferencias teosóficas en América del Sur; Una mártir del siglo XIX: Helena PetrovnaBlavatsky, fundadora de la sociedad teosófica; En el umbral del misterio: ciencia y teosofía; El velo de Isis: o las mil y una noches ocultas; De gentes del otro mundo; o Beethoven, teófoso: un capítulo de la obra: el drama lírico de Wagner y los Misterios de la Antigüedad.

Dice la leyenda que, cuando estaba a punto de morir, Mario Roso de Luna les dijo a sus seres queridos que solo había una manera de honrar su memoria: “¡Continuad mi obra…! ¡Superadla!”. Una petición ciertamente difícil de cumplir pero, sin duda, el mandato utópico que seguimos los que hemos decidido continuar su estela. Y la razón de ser de espacios como Extremadura DesVElada. Sirva esta columna como homenaje a todos los pioneros del periodismo del misterio en la región.

Publicado el 10 de Septiembre de 2017

Texto de Lourdes Gómez para su columna Extremadura DesVElada

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