“La Jogará” arderá en algunos pueblos de la comarca

“Había pol cohtumbri, máh de ántih que d,agora, de jacé una gran jogará en cuántih caían lah tóah en la Nochigüena.  Era pa calentá a loh antepasáuh.  Se diba pol la tardi a la sierra y se traían argúnuh jácih de monti, de prántah que golieran bien.  Pol cada finau que habiera había en el úrtimu añu entri loh pariéntih, había que traé un jaci.  La jogará era mu grande, que lah llámah subían jahta el cielo, y, allí, alreó de la lumbri se jacía la ruea y se comían jíguh pásuh, cahtáñah, nuécih, bóllah, hijuélah, matajámbrih y ótrah múchah cósah, y se bebía vinu y jacíamuh la palomba, que se jacía con aguardienti y güévuh batíuh.  Antóncih la mocedá no s,andaba diendu forastera, que ehtaba toa la arquería en güena unión cantando y bailando alreó de la jogará (…)”

Valle del río Malvellido (Foto: MARIBEL EXPÓSITO AZABAL)

Valle del río Malvellido (Foto: MARIBEL EXPÓSITO AZABAL)

Las palabras del etnotexto anterior me las desgranó en unas Navidades con mucho carámbano el que fuera mi gran amigo y excelente informante Tío Francisco Domínguez, un jurdano de arriba abajo y al que le decían “El de la gaita”, pues solía fabricar unas rústicas flautas de pico o de tres agujeros.

TÍO FRANCISCO DOMÍNGUEZ, "EL DE LAH GÁITAH", DE LA ALQUERÍA DE LA FRAGOSA

Tío Francisco Domínguez “El de lah gáitah”  de la alquería de la Fragosa (Foto de F.B.G.)

Tío Francisco me contó muchas cosas de su tierra, pero no todas.  Lamentablemente, después de un tiempo sin visitar la alquería de La Fragosa, situada en el angosto y deslumbrante valle del río Malvellido, me enteré que había fallecido  Con él, se fueron parte de Las Hurdes míticas y mágicas. Cierto es que ya casi no se levantan esas enormes hogueras (“jogaráh”) que acostumbraban a hacerse en la mayor parte de los pueblos de Las Hurdes.  La tarde del día 24 de diciembre se empleaba en acarrear muchos haces de “monti” (matas y cepas de brezo) al lugar que se seleccionaba para encender aquel fuego ritual.  Cada cual traía tantos haces como difuntos se habían contabilizado en los últimos años entre sus parientes.  La gigantesca fogata debería estar ardiendo toda la noche.  Entre más chisporreteara, mejor.  Existía la creencia de que el calor desprendido servía para calentar a los antepasados, que andaba flotando por ignotos parajes atmosféricos.  Algunos también afirmaban que era “pa calentá al Niñu-Dióh” (claro ejemplo de sincretismo, fruto de la posterior cristianización de las antiguas creencias).

Tradicional caseta entre las fragosas serranías jurdanas (Foto:  MARIBEL EXPÓSITO AZABAL)

Tradicional caseta entre las fragosas serranías jurdanas (Foto de MARIBEL EXPÓSITO AZABAL)

Les daban fuerte palitrocazos a los matojos, para que soltasen mucho humo y “putrícuh” (chispas), mientras exclamaban. “¡Mirá, mirá cúmu subin luh borreguítuh a calentá al Niñu Jesús!”

TÍO ANTONIO MARTÍN, "EL TURÉLIH", DE LA ALQUERÍA DE ACEITUNILLA, CON "LA GALLARETA" (al modo de muñeca ritual) EN EL CARNAVAL JURDANU (FOTO. F.B.G.)

Tío Antonio Martín, “El Turélih”, de la alquería de Aceitunilla, con “La Gallareta” (al modo de muñeca ritual) en el carnaval jurdanu (Foto de F.B.G.)

En algunas aldeas o alquerías se levantaban más de una “jogará”.  Ti Antonio Martín Martín, “El Turélih”, del pueblo de Aceitunilla, otro gran informante y maravilloso amigo, me refería que en esa alquería se armaban cuatro fogatas:  una en el barrio del “Acibuchi”, otra en el del “Jaral”, otra en el de “Lah Casíllah” y otra más en el del “Barrancu”.  Puede que en Aceitunilla, como en El Cerezal, en Martilandrán, en El Cabezo, en La Huetre, en La Aldehuela, en Cambrón o en Perote haya todavía alguna cuadrilla dispuesta a encender en Nochebuena esos descomunales fuegos, en torno a los cuales se comía, se bebía, se bailaba y se cantaba, escuchándose los sonidos de los tamborileros del lugar, los panderos y las zambombas.  No hay que olvidar que es la fecha del Solsticio de Invierno, tan cargada de resonancias mágicas y mitológicas.

TÍO GOYO IGLESIAS, TAMBORILERO DE LA ALQUERÍA DE CAMBRONCINO, REVESTIDO DE CURA PÁRROCO EN EL CARNAVAL JURDANU DEL PUEBLO DE EL CABEZO (FOTO: F.B.G.)

Tío Goyo Iglesias, tamborilero de la alquería de Cambroncino, revestido de cura párroco en el carnaval jurdanu del pueblo de El Cabezo (Foto de F.B.G.)

Por ello, hasta es posible que la “jogará” acotara un espacio que pasaba a ser sacralizado, con el fin de conjurarlo y quedarlo libre, en el venidero año, de alimañas, brujas y otros seres maléficos.  Incluso queda un antañón eco de otros misterios y creencias, que Tío Goyo Iglesias Pizarro, del pueblo de Cambroncino, genial tamborilero, me relataba que “la jogará eh la que le da vida al sol, que en el iviernu no tieni juérzah y pol esu moh  agarrábamuh de lah mánuh y jaíamuh cumu un corondel alreol de la lumbre, cumu si juesi un sol y le jarreábaumuh güénuh vardahcázuh al monti”.

Antigua vivienda jurdana (Foto:  MARIBEL EXPÓSITO AZABAL)

Antigua vivienda jurdana (Foto: MARIBEL EXPÓSITO AZABAL)

Ritos y mitos de épocas muy lejanas, que han pervivido entre las peñascosas y preciosas montañas de Las Hurdes y que por estas fechas nos envuelven en emotivas nostalgias, rimadas por viejos villancicos que la mocedad (tan menguada ya en las alquerías jurdanas) entonaba en torno a la “jogará”: “Loh pahtórih no son hómbrih,/que son brútuh y animálih,/que cuecin en luh cardéruh/y oyin misa en luh jarálih”.  Estrofa que se contraponía a aquella otra de “loh pahtórih no son hómbrih,/que son ángelih del cielu,/que en el partu de María,/élluh juerun luh priméruh”.

Publicado: 23 de diciembre de 2015